«Trabajar y aprender a luchar en las canteras del Morrot». Memorias de Ramón Tortajada

RAMÓN  TORTAJADA  TORTAJADA  dejó,  escritas  a  mano,  sus  memorias  inacabadas. En las 182 páginas que la familia mecanografió, narra con sumo detalle desde su infancia en Casas Bajas, en el Rincón de Ademuz (Valencia), hasta su trabajo y acción sindical en las canteras del Morrot, a finales de los años 20 e inicios de los 30.

A los 9 años, todavía en el pueblo, Ramón ya ayudaba a su padre en las labores del campo. Con 11 años marchó al Puerto de Sagunto: allá su padre se puso a trabajar en los hornos de cook y él  a vender naranjas a la puerta de la fábrica. A comienzos de junio de 1924 se vinieron a Barcelona. Primero se instalaron en la calle Allada, en el centro histórico, al poco se mudaron a San Adrián del Besós, luego a una barraca en la calle Entenza cerca de la cárcel Modelo, y más tarde, en la primavera  de 1925, se cambiaron a otra en Montjuïc, a la altura de la Font de la Mamella. En 1929 los trasladarían a las Casas Baratas del Prat Vermell.

Recuerda  que su primer trabajo por cuenta ajena, repartiendo sacos de carbón de hasta 20 kilos en el Pueblo Seco, lo tuvo a los 14 años, y  que su sueldo era de  12 pesetas  semanales. En enero de 1929 lo contrataron  en las canteras del Morrot. Su trabajo en ellas y  la conflictividad social en la que se curtió ocupan estas páginas  extraídas de sus memorias.

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