Cayeron bombas en Barcelona.

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Santiago Berrar, un zagal en aquellos años de guerra y revolución nos contaba, y dejó escrito, aquel pavor de las bombas que caían como piedras, destrozando lo que fuera, aniquilando a quien pillaran, esparciendo aquel humo asfixiante. Su prodigiosa memoria, y  su terco aprendizaje, nos avisan de  la dejadez o inoperancia de la defensa (que se decía o presumía leal — a la dicha república). Le preguntaba, ¿por qué se perdió la guerra? ¿por qué hicieron lo imposible, unos y otros, para que no avanzara la revolución social en la que se dejaron el pellejo su padre y tantos otros como él? Torcía siempre el morro, le dolía siempre rememorar la infamia de ayer y hoy, aunque  sobre aquellas bombas criminales  acabó escribiendo:

“Una vez instalados los ejércitos de Franco en Mallorca, y preparada su aviación para operar, nos empiezan a bombardear Barcelona. Para repeler a los bombarderos estaba la artillería de Montjuich en la zona sur y el Carmelo en la zona norte, y quiero puntualizar que la mayor parte de los días los oficiales de Montjuich eran más fascistas que republicanos y simulaban querer detenerlos, pero los dejaban pasar.

Esto lo presenciamos directamente, sobre todo desde mi huerto y os puedo decir, que el día que la artillería tenía una guardia leal, los bombarderos no podían descargar en Barcelona ¿Qué es lo que hacían entonces? Descargar en el extrarradio, que generalmente giraban a la izquierda y soltaban las bombas en lo que hoy es la Zona Franca industrial. Al no poder alcanzar los objetivos pretendidos, lo correcto es deshacerse de la carga explosiva, debido a que no pueden aterrizar con aquellas bombas colgando en la parte baja.

Aquí añado un recuerdo cariñoso a mi perro leal. Nuestro perro que era muy inteligente, como otros muchos, un lobo todo negro que nos acompañaba todos los días a mí y a mi hermana desde el huerto al colegio y puntualmente nos estaba esperando a la hora de la salida, sin decírselo a nadie. Tenía tal sensibilidad que nos avisaba cuando salían los bombarderos de Mallorca. Aquellos aviones italianos llamados Saboya, con la carga explosiva y el combustible hacían rugir fuertemente los motores en el despegue y, a poco que favoreciera el aire, nuestro “Leal” lo percibía y nos avisaba. Curiosamente el observatorio de Barcelona, tardaba entre 20 y 25 minutos en hacer sonar las sirenas que nos avisaba del peligro. También he de manifestar que por lo que yo en mi rodadura pude ver y oír, saco la conclusión de que en Barcelona los que nos tenían que defender, estaban distraídos en otros menesteres o eran ignorantes que no sabían lo que tenían que hacer.

Dejando aparte que la defensa para impedir los bombardeos por parte de la aviación republicana era nula. Es incomprensible que los cazas que estaban en el Prat y en Sabadell, no salieran a interceptar a los bombarderos de Franco. Yo particularmente os explicaré de qué forma y con que pocos medios, la aviación de Franco incendió los depósitos de combustible de Campsa situados en Can Tunis.

 Una noche de luna llena, oigo el zumbar de un motor de avión, salgo de la barraca de mi huerto y veo pasar con las luces apagadas un hidro, no puedo decir que marca era, pero si que era pequeño, de una plaza a lo sumo dos. Segunda noche, el susodicho hidro me sorprende cuando caminaba camino de la barraca. Volaba a menos de 50 metro de altura, para protegerme cuerpo a tierra me tiré en la acequia que en aquel momento estaba seca y cual sería mi sorpresa que veía perfectamente al piloto, recuerdo que el fuselaje tenía un escote, para facilitar la entrada del piloto, era un avión abierto, sin cabina. Cualquier arma de cañón largo podría haber derribado aquel hidro, o sea que la defensa era nula. En el tercer viaje, también de noche, colocó las bombas incendiarias a placer donde sabía que haría daño, de algo le sirvió las dos noches anteriores, de reconocimiento. Estuvo tres días y tres noches ardiendo, las llamas eran tan anchas y altas que de noche parecía de día.

Vuelvo a insistir, yo que entre otras cosas soy piloto de aviación, no he podido entender, como no teníamos hombres con coraje suficiente para utilizar los cazas de los que disponíamos y evitar que los bombarderos hicieran su trabajo a placer sin que nadie les plantara cara.

Durante toda la guerra sólo una vez pude presenciar un combate entre las dos aviaciones, que se desarrolló encima de la zona Franca, entre Can Tunis y El Prat. Por cierto que vimos derribar un avión. Los que estábamos presenciando el espectáculo, nos pusimos a aplaudir pensando que era un avión de Franco, y cual no fue la sorpresa cuando al día siguiente nos enteramos que el avión derribado era de los nuestros. El piloto salto en paracaídas y un caza lo iba rodeando para protegerlo”.

Las memorias póstumas de Santiago se  pueden leer en Memorias del hijo de un anarquista

Y también, siguiendo el enlace (Spanish bombs), se puede ver y escuchar a los Clash, que sonaban bien y decían mejor.

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