Milicianos. Ni mandar ni obedecer. Fragmento de un vídeo

Me decía Él, el Él del capítulo 3 de aquellos Rastros de rostros en un prado rojo (y negro), López Saura, Juan que igual sería torpe, que ni mandar ni ser mandado quería. Después de estar en las barricadas de aquel día tan largo, que duró tantas horas, de mediados de julio, se apuntó al Comité de Abastos, y al poco se marchó, impaciente, a por Zaragoza. Estuvo en Caspe, antes de que llegara la Columna Ortiz. Él se sentía miliciano, no soldado, y a su hijo, mientras le hablaba de los aviones, los chatos, las moscas, le decía que empezaba a estar harto, que él no se fue de miliciano para lo que estaba pasando; se quejaba del frío, de tanta hambre, de pocas armas y menos municiones, de los mandos a los que se le habían subido los galones, de que caían como moscas. Con él, repetía Juan, no iba la guerra, esa militar; más bien le asqueaba. Tan sólo peleaba con los suyos por la revolución social, pero que ni matar ni ser matado quería.

Y bueno, ahí va un fragmento del vídeo que estamos preparando. Espero que pronto pueda subir el definitivo y dedicado al Sueño igualitario de las Barcelonas rebeldes.

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